Hoy, en el coche, cuando otra vez me dirigía a las famosas Rebajas, me he hecho una pregunta:
¿En qué momento deja una persona de sentirse novata al volante y empieza a insultar a los autoescuelistas que se cruzan en su camino?
Yo, a pesar de que considero que ya conduzco bastante bien, ¡qué narices!, ¡basta ya de ser humildes, Sr. H! ¡Conduzco que te cagas de bien! Lo dicho, a pesar de esto, intento tener paciencia con los pobres aprendices que pagan un ojo de la cara por clase práctica y se ven avasallados por expertos conductores temerarios que los adelantan a gran velocidad y con muy poco espacio ("se arriman más que El Juli"), estando en un continuo sinvivir.
Pero. Viviendo donde vivo y enfrentándome cada vez que cojo el coche a largas colas por conductores novatos que no se atreven a entrar en una de nuestras simpáticas rotondas, llego a un punto en que... ¡no puedo más y les adelanto de mala manera! En mi defensa alego una baja frecuencia de este tipo de actuaciones, una baja peligrosidad de las mismas y que luego, encima, me siento un poco culpable (aunque siempre que lo hago compruebo antes que no están examinándose).
¡Y me pido un par de comentarios por lo menos! (que igual mañana me paso a repartir collejas por la escuela, que a ciertas empresas no me llega el brazo...)
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