
Pues sí señor, el sábado tuve mi primera boda del año, así que me puse elegante y demás. Iba yo con mi vestido largo, mis pendientes largos, mis pestañas largas y mi yo larga, mu mona.
La ceremonia estuvo bonita, con un cura muy jovencito que les conocía y con lectura de “cartas” de los padres a sus hijos, muy tierno y emocionante, la verdad. Y después, pues empezamos a comer que si un canapé, que si tómate una cañita, que si un jamoncito, que si un vinito… estuvimos cosa de dos horas sólo con entrantes en un jardín bastante bien puesto, intenté ejercer mi autocontrol para poder cenar después, pero era muy difícil. Así que entramos rodando al salón para cenar y degustamos (como pudimos) una comida estupenda en un ambiente muy familiar de unos 250 invitados donde al final no faltaron los viva-los-novios ni los que-se-besen reglamentarios.
Después de la copa y el puro, las copitas y el baile, que nos dieron más de las cinco y seguíamos aguantando el tipo pero al final nos tuvimos que rendir y volver a casa. Pero ése no era el final para mí, no, tuve que pasarme un buen rato en el baño (Juan, no te asustes) para conseguir desmaquillarme y, sobre todo, quitarme las 44 horquillas, 44, del moño que me habían hecho en la peluquería… ¡qué dolor en su inserción! Pero mereció la pena, ¿no?
2 comments:
Pues yo no veo las 44, ¿eh?
Vamos, ni de lejos. ¿Cobraban por horquilla?
La verdad es que cobrar, cobró bastante, pero hizo un cálculo mental rápido y no pude ver qué sumandos colocaba para llegar a ese "módico" precio...
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